Cuando comencé con mis estudios de Teoría Curricular, que curiosamente para los artífices de tales estudios aún no hay una disciplina de estudio en el campo de la enseñanza que se encargue del currículo, mientras que yo, por lo que tengo leído, estudiado, visto y analizado, noto una gran cantidad de información. No son lo mismo currículo, plan de estudios, planeación, modelo y malla curricular. Las diferencias no son semánticas, sino de precisión técnica. Y como tales, deben ser estudiadas con seriedad ateniéndose únicamente a lo que significan en un determinado contexto y por sus particularidades.
Me abocaré en esta entrada a explicar dos conceptos clave, cuyas definiciones canónicas, debo confesar, siguen en construcción. Con espíritu de esclarecimiento científico "meteré mi cuchara" en el campo y aclararé, en la medida de lo posible, en qué consiste cada cual. Pocos son los curricularistas que las señalan, por lo común exponen los pasos, señalan coyunturas teóricas entre diversos académicos, pero no he llegado al punto en que digan qué es cada una. Así que, a grosso modo, diré que ambas muestran el mapa del currículo.
Un mapa sirve para ubicar el lugar que uno ocupa en el planeta Tierra. En el caso del currículo, pidiendo de antemano perdón por esta analogía tan burda, la malla curricular traza el mapa general que se ha de seguir en tales por cuales estudios. A efectos de ilustrar lo anterior podemos pensar en los carteles pegados en las puertas de los supermercados que dicen "usted está aquí", y marcan con una flecha el lugar que uno tiene dentro de la plaza comercial, señalando también los otros establecimientos y las áreas verdes. Lo mismo sucede con la malla curricular. Cuando se estudia una licenciatura uno sabe en qué semestre va no por las materias que curse o las que deba, o haya pasado en los exámenes, sino por lo que señale la malla.
Hacer una malla curricular donde se secuencie qué objeto de conocimiento va después de cual o antes de otra, no es tarea fácil. De antemano el educador requiere la participación de cierto comité de expertos en el tema que le indiquen qué materia es necesaria de ver primero y cuál de último. Hay planes de estudio que parten primero del conocimiento teórico para ir, en los últimos semestres, aterrizando lo visto con la práctica profesional. Hay otras licenciaturas, que es donde más ocurre esto, en las que las cosas van al revés, primero los enfrentan con el mundo laboral y luego les dan los fundamentos, o de manera mixta van cursando y aplicando los saberes. Todas estas experiencias deben aparecer en la malla.
En el otro lado del mapeo curricular está el modelo. Mientras la malla demuestra gráficamente el derrotero de las materias y las eventuales prácticas de campo, el modelo hace lo mismo con los fundamentos teóricos que sustentan a la escuela. Es decir, es otro gráfico que ilustra sobre cuáles son las bases metodológicas, científicas, sociales, filosóficas, sociológicas, psicológicas y pedagógicas que se han de seguir en las instituciones educativas.
Evidentemente estarán bien hechos los modelos y las mallas curriculares mientras más precisos sean en la representación gráfica de sus formas. Si falta algún elemento, y si esto se fuera a evaluar, lógicamente habría de reprobarse que, por ejemplo, un chico tuviera que estar obligado a realizar el servicio social desde séptimo semestre y no lo sepa porque la malla no lo señala. O que la escuela no contemple las dimensiones sociales en su modelo educativo y parta desde la epistemología idealista que sobrevalora el conocer autónomo y teorético, sin tener contacto con los demás.
En ambos casos, como indiqué previamente, se tratan de mapas, de centros de localización, que en buena medida ayudan a que alumnos y maestros no estén tan perdidos a la hora de enseñar.
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